“La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres” (Manuel Azaña)


Bienvenid@ al estudio de la Segunda República, la guerra civil y el primer Franquismo desde Antequera, la etapa más apasionante de la Historia Contemporánea de un municipio que volvió a convertirse en esos años en paradigma malagueño y andaluz



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viernes, 30 de marzo de 2012

La conflictividad agraria en Antequera en la etapa republicana: la Huelga de marzo de 1932


El origen de la conflictividad agraria durante la II República, derivada del régimen y tenencia de la tierra, parece estar claramente localizado en factores que van desde el cada vez mayor grado de concentración de la propiedad de la tierra, unido al constante crecimiento poblacional -ambos procesos con origen en la segunda mitad del siglo XVIII- y que hicieron aumentar vertiginosamente una masa de jornaleros sin tierra, sumida en una situación de miseria y precariedad, con unas condiciones de trabajo muy duras y unos salarios muy por debajo de los de otras regiones, no tan agrícolas como la andaluza.
Graves problemas a los que se unía otro no menos acuciante, el paro, en el que confluían factores, tanto sociales como los meramente estructurales, centrados en un fuerte paro estacional - largos periodos entre recolecciones en los que los jornaleros quedaban sin trabajo-por una tendencia al monocultivo que motivaba una descompensada y desigual distribución del trabajo agrícola.
En Antequera, como en todo el país, se intentaron encontrar alternativas a la angustiosa situación de obreros agrícolas parados. Así tendrán especial repercusión en nuestra tierra la Ley de Términos Municipales, destinada a combatir el paro agrícola, y que consistía en la negativa a contratar trabajadores de otros municipios hasta que todos los obreros agrícolas de una localidad tuvieran trabajo, a la vez que pretendía acabar con la emigración masiva de las familias sin tierras, y con una forma de vida miserable, debido al paro estacional, o la Ley de Jurados Mixtos, encargados de tratar de las cuestiones de salarios y contratos de trabajo en todas las industrias y la agricultura.

Por primera vez en la historia de España, la clase social más afligida por la pobreza, se sentía protegida y arropada por el Gobierno, lo que iba a generar sin embargo, y de forma paralela un enfrentamiento con las fuerzas sociales rivales de pueblos y aldeas. Por un lado estaban los ayuntamientos monárquicos, que representaban a los terratenientes y contaban con el apoyo de la guardia civil y la mayoría de los abogados, farmacéuticos y sacerdotes; por el otro, las casas del pueblo, cuarteles generales de los obreros sindicados de las distintas localidades y una minoría de profesionales y sacerdotes que simpatizaban con las izquierdas. Era el enfrentamiento de las fuerzas del Antiguo Régimen contra los inexpertos pero ahora militantes trabajadores.

Estos enfrentamientos, unidos a la escasa efectividad de medidas para el combatir el Paro obrero como repartos y colocación en obras públicas, van a recrudecer la situación de angustia y miseria de un jornalero cada vez más oprimido por la burguesía agraria local, motivando un aumento progresivo de la tensión social, con comportamientos cada vez más radicales y revolucionarios por parte del proletariado rural, y derivando hacia procesos cada vez más violentos y que harán de la etapa republicana, un periodo de verdadera conflictividad campesina, a través sobre todo de la proliferación del que podemos considerar como mejor indicador del grado de conflictividad agraria: la huelga.
De ellas será la de marzo de 1932 la que a la postre se convierta en a más importante de las huelgas que tuvieron lugar en Antequera a lo largo de la II República, por participación de manifestantes y por la gravedad de los disturbios y sus consecuencias.

Desarrollada entre el 28 y el 31 de marzo de 1932, la huelga tuvo su origen en la asamblea convocada por el ramo de la construcción, a la que acudieron el resto de gremios para tratar la difícil situación generada por el paro forzoso.
La aplicación inmediata del laboreo forzoso, la eliminación de la Policía Rural y el cuidado del ornato y la inversión de fondos en obreros parados, fueron propuestas que se trasladaron a Alcaldía y que, al no ser siquiera escuchadas por el alcalde, Manuel Aguilar , llevaron al Partido Comunista a convocar una huelga general en la que se recrudecieron los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden.
Desde el día 28 se cierran los comercios y se suprime el tráfico, a la vez que la ciudad aparece inundada de pasquines donde se llama a la huelga revolucionaria, Desde los cerros que rodean Antequera se producen los primeros intercambios de disparos entre campesinos y fuerzas del orden. En uno de ellos caería muerto el obrero Antonio Povedano Reina.
Mientras, otro grupo de obreros se traslada al convento de los Trinitarios, provocando un incendio que destruiría parcialmente su entrada.
Ante la gravedad de los hechos, Aguilar manda clausurar los centros obreros y solicita ayuda de Málaga.
El segundo día baja considerablemente la intensidad de los enfrentamientos, hasta quedar prácticamente anulada la subversión el día 30.
Como saldos de este grave conflicto quedan, junto a la muerte de Povedano, otros cinco obreros heridos y veintisiete detenidos, la clausura de los centros obreros y el descubrimiento de centros comunistas clandestinos, como el de “El Puñao de Caña” y “La Rebola”, así como una escuela de adoctrinamiento comunista.
Paralelamente, la clase conservadora de la ciudad exigirá a Alcaldía que se construya urgentemente el cuartel de la Guardia Civil así como el aumento del número de efectivos, para lo cuál estaría dispuesta a aportar 45000 pesetas y albergar a las fuerzas mientras se construyera el cuartel.
Desde el punto de vista de los objetivos, una vez más, la dureza de las reivindicaciones campesinas, fue decisiva para que se accediera a sus peticiones.
Sin embargo, la huelga revolucionaria de marzo de 1932, lejos de apagar la llama reivindicativa campesina en Antequera, no va hacer sino aumentar el ímpetu de manifestarse, esta vez de nuevo para establecer unas bases de trabajo adecuadas a los intereses campesinos.

Pie de foto: Guardias civiles vigilan la entrada del Cementerio para evitar que el cadáver de Povedano sea sacado del recinto
La frase: “La crisis de trabajo y el paro en toda la provincia es grandísima” ( Intervención de Antonio García Prieto en las Cortes)
Para saber más: MELERO VARGAS, Miguel Ángel: “La propiedad de la tierra en Antequera durante la II República”, en Revista de Estudios Antequeranos. V. 14. Año 2004. Págs. 241-282, así como de MELERO VARGAS, Miguel Ángel (2006): Antequera, la ciudad republicana. Propiedad y poder en Antequera (1931-1936) Antequera.

1 comentario:

  1. Perdona,pero...el alcalde era Camilo Chousa y no Manuel Aguilar. Chousa sustituyó a Manuel Aguilar que fue nombrado gobernador civil, creo recordar. Como consecuencia de esa huelga y de la campaña de desprestigio de Antonio García Prieto Chousa dimitió el 31 de agosto de 1932.

    Marga

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