Las elecciones del 16 de febrero de 1936 van a significar en Antequera la victoria de la candidatura que indiscutiblemente se había mostrado más fuerte y menos fraccionada de cara a los comicios, esta es, la presentada bajo la denominación de Frente Popular de Izquierdas.
De las 31 secciones (para 6 distritos) en que se dividía el mapa electoral de Antequera, en 21 de ellas resultó ganadora la candidatura frentepopulista, resultando Federico Alva Varela, de Unión Republicana y con 8095 votos, el diputado más votado, seguido de Vicente Sarmiento, Antonio Acuña, Eduardo Frápolli, Casamayor y Baeza Medina.
Las diez secciones restantes, votaron la Candidatura de Centro-derecha, de la cuál el antequerano Bernardo Laude, con 6987 votos, se convirtió, y con mucha diferencia, en el miembro más votado de esta coalición, equiparándose prácticamente con los votados por la candidatura de izquierdas, y siendo en consecuencia elegido como Diputado a Cortes.
Un estudio desglosado de los votos efectuados por secciones nos muestra como en las ganadas por la Candidatura de centro-derecha se engloban la gran mayoría de las llamadas “calles señoriales” de la ciudad: Plaza de San Sebastián, Alameda, Estepa, Encarnación, Calzada, Laguna, Cantareros, es decir, aquellas habitadas por las clases sociales más altas -y a la vez conservadoras- de la sociedad antequerana.
Significativa es también la victoria de la coalición centroderechista en dos secciones, una la correspondiente a la Fábrica Azucarera y la otra, la que giraba en torno a la Escuela pública de Cauche, es decir, dos secciones sobre las que ejercían una gran influencia, José García Berdoy -presidente de la Caja de Ahorros de Antequera, uno de los grandes propietarios locales y antiguo jefe local del Partido Conservador- y la Marquesa de Cauche, respectivamente, dos destacados personajes de la alta sociedad antequerana.
El triunfo de la Coalición de centro-derecha se produjo de manera incontestable en las tres secciones que conformaban el mapa electoral de Fuente de Piedra. No obstante se llegó a plantear la posibilidad de que se hubieran dado coacciones, sobre todo desde varios dueños que habían obligado a sus empleados a votar la candidatura de derechas, so pena de perder el empleo. Muy similarmente habla el periódico El Socialista de este hecho, señalando que en Fuente de Piedra se obtuvieron unos resultados “haciendo mangas y capirotes del sufragio”.
En cuanto a los resultados de Fuente de Piedra, Humilladero, Mollina y Valle de Abdalajís, observamos como las urnas van a corresponder a la casi frenética propaganda política llevada a cabo en estos anejos por el Frente Popular.
Así, tanto en Humilladero como en Valle de Abdalajís, la Coalición de Izquierdas vencerá en todas las secciones -en el primero de estos anejos el Frente Popular barrerá literalmente a la Coalición de Centro-derecha-.
En cuanto a Mollina, las izquierdas vencerán en tres de las cinco secciones.
En definitiva, la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, se produce de una manera incontestable, una victoria que había llegado, no sólo como mérito propio de la coalición, sino que era el reflejo también del voto de castigo que desde varios sectores desengañados y decepcionados, se había ejercido contra la Candidatura de Centro-derecha.
En todo caso, la victoria del Frente Popular, permitía renacer la esperanza de aquellos partidarios de volver a ese primer bienio social-azañista de la República, pero eso sí, puliendo bastantes defectos de su primera etapa.
Y en el caso de Antequera, la apuesta por la candidatura de izquierdas, no hacía sino corroborar que el mapa político local estaba perfectamente delimitado y que, a pesar de las continuas crisis o decepciones políticas procedentes de unos y otros partidos, este se mantendría inalterable a lo largo de toda la República.
Tras la victoria del Frente Popular, la reposición de los Ayuntamientos de elección popular establecidos el 14 de abril de 1931, llevará a la proclamación en Antequera de Antonio García Prieto como Alcalde que guíe los designios de la ciudad durante la última etapa de la II República en la ciudad.
Es el inicio de una etapa de esperanza para aquellos que veían en el nuevo giro a la izquierda de la política española, la única manera de mejora de la situación económica –en cuanto sobre todo al aspecto laboral- y social de las clases más desfavorecidas.
En este sentido veremos en el de García Prieto a un gobierno sometido a una muy fuerte conflictividad laboral –fundamentalmente agrícola- que va a intentar desarrollar una labor destinada fundamentalmente a la defensa de los intereses de estos obreros, combatiendo duramente con la clase patronal, a través de imposiciones y leyes favorables a los primeros y que harán sentir notablemente perjudicados a los segundos, haciendo de esta etapa, la de mayor conflictividad laboral y social de toda la II República.
Será un gobierno también marcado fundamentalmente por problemas de Orden Público –centrados sobremanera en los enfrentamientos con el aparato fascista local- resultado de los esfuerzos de García Prieto por combatir unas diferencias ideológicas y sociales cada vez más polarizadas y que no harán sino agravarse a medida que transcurran los meses.
En este sentido, serán numerosos los registros domiciliarios y las detenciones de presuntos fascistas cuya amenaza, lejos de aminorar, será cada vez más visible.
Es asimismo un gobierno de continua lucha entre la lealtad a un régimen legalmente constituido y el recelo que el mismo despertaba entre diversos estratos de la sociedad antequerana; es el enfrentamiento entre la afinidad política e ideológica y la desconfianza hacia los sospechosos de querer boicotearla; un hecho que tendrá su plasmación práctica en el proceso de depuración de personal en la Administración local.
También las diferencias en materia religiosa aparecen muy presentes en estos meses en los que, a la falta de apoyo del gobierno local a la Iglesia, se une un sentimiento anticlerical del que se impregnará buena parte de la población y que causará profundo malestar e incomodidad en otra.
Es, en términos generales, una etapa de absoluta complejidad e inusitada tensión. Un panorama descorazonador en el que se encontrará sumida la ciudad cuando en julio de 1936 lleguen las primeras noticias de sublevación.
• Para saber más: MELERO VARGAS, Miguel Ángel: (2006) Antequera, la ciudad republicana. Propiedad y poder (1931-1936) MELERO VARGAS, Miguel Ángel: “Antequera, una visión desde las elecciones de 1931, 1933 y 1936”, en Jábega. Nº 94. 2003. Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga., El Popular. Nº 7086. 19 de febrero de 1936. Pág. 4, El Socialista. 15 de abril de 1931.



